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lunes, 22 de septiembre de 2014

Subastas de personajes históricos


Todos hemos escuchado de subastas de artículos personales de personajes históricos, pero poco sobre partes de sus cuerpos que han adquirido coleccionistas. Veamos algunas de ellas:

-El miembro viril de Napoleón fue comprado en 1977 por un urólogo de la Universidad de Columbia quien pagó 3000 dólares por el; su familia no lo ha vendido pese a recibir ofertas de hasta 100 mil dólares. Todo parece indicar que uno de los médicos que ayudó en la autopsia fue quién lo cortó.

-Cuando el Che Guevara fue muerto en Bolivia en 1967, un agente de la CIA le cortó un mechón. En el 2007 ese mechó, junto con un juego de huellas digitales y fotos del famoso guerrillero fueron vendidas a un coleccionista de Texas por 119,500 dólares.

-El oculista personal de Albert Einstein, Henry Abrams, se quedó con los ojos del físico. Hace 20 años los puso en subasta por 5 millones de dólares pero finalmente se echó para atrás.

-En 1863, pasados cuarenta años de la muerte de Beethoven, su cadáver fue exhumado y también saqueado, terminando varias de sus partes en distintos lugares: los huesos de su oído permanecen con paradero desconocido; pedazos de su cráneo los compró un medico vienés, cuyas partes fueron donadas posteriormente por los descendientes del galeno a la Universidad de San José, California, donde se estudia la causa de su muerte.


-El cuello ensangrentado de la camisa que portaba Abraham Lincoln el día de su muerte fue vendido en 2008 por 65,725 dólares.

viernes, 22 de agosto de 2014

El colchón


Una de las necesidades básicas del humano es el dormir bien. Por eso, desde la antigüedad siempre se ha buscado cómo poder descansar mejor. Los faraones dormían en cómodas camas de madera cubiertas de paños mullidos, mientras el pueblo dormía en hojas de palmera apiladas al suelo.  Los griegos usaban piezas rígidas de madera, piedra o mármol  como cama, y telas gruesas como colchón. Los romanos usaban el colchón como muestra de estatus social, ya que los acaudalados allí recibían a las visitas y hasta celebraban banquetes reclinados en él; la plancha era de metal, los colchones de lana y paños de lino. Las clases bajas se dormían en esteras de fibras vegetales.

Al caer el Imperio Romano el uso del colchón cayó en desuso. Durante la Edad Media se usaba un acolchonado a base de paja, virutas o serrín, que lo fabricaba a diario quien iba a dormir; de allí vienen expresión “hacer la cama”, que no era otra cosa que buscar un lugar fijo donde dormir y hacer literalmente su colchón. Durante el Renacimiento los colchones estaban hechos de materiales orgánicos que se pudrían y eran nido de insectos y ratas, de allí que se comenzaran a usar sacos cosidos de forma burda a los que se les agregaron botones para periódicamente renovar el interior; pero de todas formas el mal olor y la humedad seguían.

 El tapicero Guillaume Dujardin inventó el primer colchón de aire, pero no fue sino hasta el siglo XVII que aparecerían los primero colchones de muelles, que son,  con sus respectivas mejoras, los que usamos hasta nuestros días.

jueves, 21 de agosto de 2014

Federico El Grande


Federico el Grande de Prusia fue un brillante general; aunque en ocasiones sus campañas no fueron del todo exitosas. En 1757, durante la toma de Praga por tropas prusianas contra austriacas, ordenó asaltar la ciudad vez tras vez, pero siempre era rechazado. Sus oficiales, viendo que era imposible tomarla y que no había hombres en la retaguardia, le dijeron al monarca: “¿Su majestad tiene intención de asaltar las baterías enemigas en solitario?”.

Castratis



Durante los siglos XVII y XVII, en Italia, unos 4000 muchachos eran castrados cada año esperando que triunfaran como cantantes, pero solo entre un 10% y un 15% llegaban a vivir de eso, y solo el 1% eran famosos. Las familias pobres eran caldo de cultivo para surtir a aquellos que, decían, cantaban cómo ángeles. En el reino de Nápoles se permitía que los campesinos de más de cuatro hijos varones castraran a uno para ponerlo al servicio de la iglesia. La castración con fines musicales se concentró en Italia, donde la iglesia mantuvo una postura ambigua al respecto: por un lado la condenaba, pero a su vez acogía a los mejores castrati para sus coros. La demanda solo alimentó un negocio que se convirtió clandestino de cirujanos y barberos que se dedicaban a castrar niños. 

La ópera acaparó a los que fueron denominados como “el tercer sexo”, aquellos con voces privilegiadas que eran consideradas un don divino. Los castrati eran considerados divos en su tiempo (hoy podríamos llamarlos rockstars). Eran sumamente caprichosos, excéntricos y cobraban sumas exorbitantes por sus presentaciones. Caso conocido el de Siface, quién rechazó una invitación a la corte más prestigiada, glamurosa y lujosa de su tiempo: la de Luis XIV, el famoso “rey sol”. El castrato más famoso es, sin duda, Carlos Brosch, más conocido como Farinelli, de quién se decía podía reproducir 250 notas sin tomar aire. El ocaso de éstos cantantes se inició en el siglo XVIII, y se debió a varias razones. Primero las mujeres fueron tomando los papeles que antes ellos tenían, y segundo, el gobierno italiano prohibió la castración y Roma vetó los coros. 

Alejandro Moreschi fue uno de los últimos castrati que se sabe, pero la singularidad de éste personaje radica en es la única grabación de un castrati, de los que se tiene registro. Tenía 44 años al momento de la grabación, en 1902, y falleció olvidado en 1922.


viernes, 15 de agosto de 2014

Ana Karenina


La esposa de León Tolstoi, Sofía Bers, dirigía la economía de la familia; pero no solo eso, en cierta ocasión el escritor ruso le dijo: “Escríbeme, si lo recuerdas, cómo te propuse que te casaras conmigo”. Lo hizo, y aquella declaración quedó inmortalizada en la que Vronsky le declaró su amor a Ana Karenina en la novela homónima.